SCRIPTA SCIENTIA. 2026; 1: E018 |
SCRIPTA SCIENTIA ISSN: 3134-5824 | Vol. 1 (2026) | Publicado por ChauxLab Institute |
REVISIÓN INTEGRATIVA |
Transferencia de dorsal ancho versus pectoral mayor para la deficiencia masiva del manguito rotador: Una revisión integrativa de resultados funcionales y complicaciones
Enzo Eugenio Olmedo Gómez1, Pedro Fabián Martínez Vera1
Recibido: 31 mar 2026 Aceptado: 9 may 2026 Publicado: 11 may 2026
Correspondencia: Dr. Enzo Eugenio Olmedo Gómez Conflictos de interés: Los autores declaran no tener conflictos de intereses comerciales.
DOI: https://doi.org/10.66201/ss.v1.12 Licencia Creative Commons Atribución 4.0 | RESUMENIntroducción: Los desgarros masivos e irreparables del manguito rotador plantean un desafío reconstructivo crítico en pacientes jóvenes y activos. Ante el vacío terapéutico entre la reparación fallida y la artroplastia, las transferencias tendinosas del dorsal ancho (LD) y del pectoral mayor (PM) emergen como opciones biológicas de salvamento. El objetivo de esta revisión fue sintetizar la evidencia sobre la eficacia clínica, biomecánica y seguridad de ambas. Métodos: Se buscó literatura en PubMed, Scopus y Web of Science (2008–2025), seleccionando estudios con N > 10 que reportaran resultados funcionales (Constant, ASES), rango de movimiento y complicaciones. Se excluyeron artroplastias primarias y estudios cadavéricos. Resultados: Ambas transferencias mostraron perfiles biomecánicos distintos. El LD fue superior en la restauración de la elevación anterior (hasta 160°) y rotación externa para defectos posterosuperiores, aunque con mayores tasas de ruptura del injerto (30–43 %) y complicaciones neurológicas (3–10 %). El PM resultó más eficaz para la estabilidad anterior e insuficiencia del subescapular, con menor tasa de infección (1–3 %) y de conversión a artroplastia (4 % vs. 12.3 %). La integridad del teres minor fue el predictor pronóstico más robusto para el éxito del LD. Conclusiones: El LD y el PM no son intercambiables; son herramientas complementarias definidas por la anatomía del defecto. El LD restaura el vector posterior y la elevación, mientras que el PM rescata la competencia anterior. La elección quirúrgica debe basarse en la localización del desgarro, la integridad del teres minor y la tolerancia al riesgo del paciente. Palabras clave: rotura del manguito de los rotadores, transferencia tendinosa, músculo dorsal ancho, músculos pectorales, rango de movimiento articular, resultado del tratamiento, fenómenos biomecánicos. |
Los desgarros masivos e irreparables del manguito rotador representan uno de los desafíos terapéuticos más complejos en la cirugía reconstructiva del hombro. Esta condición, definida por la retracción tendinosa estática y la atrofia grasa avanzada, conduce a una pérdida significativa de la función biomecánica, dolor debilitante y, en última instancia, a la «pseudoparálisis» del hombro (1,2). Si bien la artroplastia reversa de hombro ha emergido como el estándar de oro para pacientes de edad avanzada con artropatía por desgarro del manguito, existe un «vacío terapéutico» significativo para pacientes más jóvenes y activos que desean preservar la articulación nativa y mantener altos niveles de demanda funcional (3,4).
En este escenario de salvamento articular, las transferencias tendinosas han ganado tracción como una opción biológica viable para restaurar los pares de fuerza alterados. Históricamente, la transferencia del tendón del dorsal ancho (Latissimus Dorsi - LD) ha sido el «caballo de batalla» para la deficiencia posterosuperior, buscando restaurar la rotación externa y la elevación anterior (1,5). Por otro lado, la transferencia del pectoral mayor (Pectoralis Major - PM) se ha consolidado como la opción preferente para la insuficiencia anterosuperior, específicamente ante la pérdida del subescapular (6,7).
Sin embargo, la dicotomía clínica no siempre es absoluta y la selección de la técnica ideal sigue siendo objeto de debate. La literatura reciente sugiere matices importantes: mientras que el LD ofrece una ventaja biomecánica superior en la restauración de la elevación anterior debido a su vector de fuerza (2,8), el PM presenta tasas de complicaciones neurológicas e infecciosas comparativamente menores debido a una disección menos extensiva (9,10). Además, la evolución de las técnicas quirúrgicas, desde abordajes abiertos hasta técnicas asistidas por artroscopia y el uso de injertos de aumento, ha modificado las tasas de éxito y los perfiles de seguridad de ambos procedimientos (11,12).
A pesar de la abundante literatura, existe una dispersión en cuanto a la comparación directa de los resultados funcionales, el impacto de factores pronósticos críticos como la integridad del teres minor (13,14) y las tasas de «fracaso terapéutico» —definido como la conversión a artroplastia— a mediano plazo (15,16). Por consiguiente, esta revisión integrativa tiene como objetivo sintetizar la evidencia disponible sobre la eficacia clínica, biomecánica y seguridad de las transferencias de dorsal ancho versus pectoral mayor, proporcionando un marco de referencia basado en la evidencia para la toma de decisiones en el manejo de la deficiencia masiva del manguito rotador (17).
Se llevó a cabo una revisión integrativa de la literatura adoptando el marco metodológico de cinco etapas propuesto por Whittemore y Knafl (2005): 1) identificación del problema, 2) búsqueda de literatura, 3) evaluación de datos, 4) análisis de datos y 5) presentación de resultados. Este diseño fue seleccionado específicamente por su capacidad para combinar datos de literatura empírica y teórica, permitiendo una comprensión holística de fenómenos complejos donde los ensayos clínicos aleatorizados son escasos o difíciles de ejecutar.
La identificación de estudios relevantes se realizó mediante una búsqueda exhaustiva en las bases de datos electrónicas PubMed/MEDLINE, Scopus y Web of Science. Se definió una ventana temporal de búsqueda comprendida entre enero de 2008 y febrero de 2025, enfocada en la literatura primaria, con el fin de capturar la evolución de las técnicas quirúrgicas, particularmente la transición hacia procedimientos asistidos por artroscopia y el uso de técnicas de aumento biológico.
Se emplearon combinaciones de términos MeSH (Medical Subject Headings) y palabras clave en texto libre, utilizando operadores booleanos (AND, OR). La cadena de búsqueda principal incluyó: («Latissimus Dorsi Transfer» OR «Pectoralis Major Transfer») AND («Massive Rotator Cuff Tear» OR «Irreparable Rotator Cuff Tear» OR «Subscapularis insufficiency») AND («Treatment Outcome» OR «Complications» OR «Biomechanics»). Además, se efectuó una búsqueda manual en las listas de referencias de los artículos seleccionados («snowballing») para identificar estudios adicionales relevantes.
La selección de los estudios se basó en los siguientes criterios de inclusión y exclusión:
Los datos fueron extraídos utilizando un formulario estandarizado que recopiló: autor/año, diseño del estudio, características de la población (edad, tamaño del desgarro), técnica quirúrgica (tipo de transferencia, uso de injertos), resultados funcionales y complicaciones. Dada la heterogeneidad metodológica entre los estudios incluidos (variabilidad en las escalas de medición y técnicas quirúrgicas), no se realizó un metaanálisis estadístico. En su lugar, se procedió a una síntesis narrativa y un análisis temático, agrupando los hallazgos en categorías de dominio clínico: eficacia funcional, biomecánica, perfil de seguridad y factores pronósticos.
La revisión de la literatura permitió identificar una distinción clara en los perfiles de eficacia y seguridad entre las transferencias de dorsal ancho (LD) y pectoral mayor (PM). A continuación, se presentan los hallazgos sintetizados en cuatro dominios clínicos principales.
Ambos procedimientos demostraron ser opciones de salvamento efectivas, aunque con indicaciones biomecánicas divergentes. La transferencia de LD se asoció consistentemente con mejoras significativas en las puntuaciones funcionales globales para desgarros posterosuperiores. Por ejemplo, Gerber et al. documentaron un incremento sustancial en el puntaje de Constant del 29 % al 70 % postoperatoriamente (1). Asimismo, revisiones sistemáticas confirman que el LD es particularmente eficaz en pacientes jóvenes, logrando una restauración notable de la dinámica del hombro reflejada en las puntuaciones ASES (3).
Por su parte, la transferencia del PM mostró resultados superiores en el manejo de la insuficiencia anterosuperior (subescapular). Shin et al. reportaron que el PM ofrece ventajas funcionales específicas en desgarros aislados del subescapular, mejorando la estabilidad anterior y la satisfacción del paciente (7). En términos comparativos, aunque ambas técnicas logran reducciones significativas en las escalas de dolor, el LD parece ofrecer una disminución media más pronunciada en las puntuaciones EVA para los desgarros masivos irreparables en comparación con el PM (17). Sin embargo, la satisfacción del paciente sigue siendo alta en ambos grupos, oscilando alrededor del 86 % para el LD (5) y manteniéndose comparablemente elevada para el PM en indicaciones de inestabilidad anterior (7).
Existe una diferencia biomecánica marcada en la capacidad de cada transferencia para restaurar vectores de movimiento específicos.
La transferencia de LD demuestra una superioridad biomecánica en la restauración de la elevación anterior, con ganancias reportadas que alcanzan un rango postoperatorio de 155° a 160° (2,18). Estudios comparativos señalan que el incremento medio en la FE es significativamente mayor con el LD que con el PM, debido a su capacidad para estabilizar la cabeza humeral y restaurar el fulcro de movimiento (19,20).
El LD es inequívocamente superior en la restauración de la rotación externa activa, con ganancias medias que varían entre 23° y 28.3° (21,22). En contraste, la transferencia de PM aporta mejoras modestas en la rotación externa y, en algunos casos, su efecto es limitado para corregir el déficit de rotación externa o ER lag sign (23).
El PM, especialmente cuando se utiliza la cabeza esternal, es más efectivo para restaurar la fuerza de rotación interna y la estabilidad anterior, replicando mejor la función del subescapular nativo en comparación con la cabeza clavicular (24).
El análisis de seguridad revela perfiles de riesgo distintos, influenciados por la complejidad de la disección y la anatomía regional.
La transferencia de LD presenta una incidencia de lesiones nerviosas (radial o axilar) que oscila entre el 3 % y el 10 %, atribuidas a la disección profunda y la movilización del tendón (25). Por el contrario, el PM se asocia con un riesgo menor global, siendo la lesión del nervio musculocutáneo la más frecuente (5–7 %) (26), pero con una incidencia menor de lesiones del nervio axilar en comparación con el LD (7).
Debido a la disección más extensa requerida para la cosecha y transferencia del LD, las tasas de infección se sitúan entre el 2 % y el 5 % (9). Las transferencias de PM, al realizarse mediante un abordaje anterior menos invasivo, reportan tasas de infección comparativamente menores, en el rango del 1 % al 3 % (10).
Las tasas de ruptura o falla estructural del tendón transferido son notablemente más altas para el LD, estimándose entre el 30 % y el 43 % en seguimientos a largo plazo (25,27). Las transferencias de PM presentan una mayor integridad estructural postoperatoria, con tasas de re-ruptura reportadas entre el 10 % y el 20 % (9).
El «fracaso terapéutico», definido como la necesidad de conversión a artroplastia reversa de hombro (RTSA), varía entre ambas técnicas a mediano plazo (5 años). La transferencia de LD presenta una tasa de conversión de aproximadamente el 12.3 %, frecuentemente asociada a la persistencia del dolor o la incapacidad para restaurar la función en hombros con degeneración avanzada (1). En contraste, la transferencia de PM muestra una tasa de conversión significativamente menor, cercana al 4 %, lo que sugiere una mayor durabilidad clínica en su indicación específica para la deficiencia anterosuperior (15). Factores como la edad avanzada y la infiltración grasa preexistente del teres minor se identificaron como predictores negativos de supervivencia para los resultados postoperatorios (14).
La presente revisión integrativa confirma que, si bien tanto la transferencia del dorsal ancho (LD) como la del pectoral mayor (PM) son herramientas valiosas en el arsenal de salvamento para el manguito rotador irreparable, no son intercambiables. La evidencia sugiere una dicotomía terapéutica dictada no solo por la ubicación del desgarro, sino por imperativos biomecánicos y perfiles de riesgo distintos.
La superioridad del LD en la restauración de la elevación anterior y la rotación externa no es coincidencia, sino una consecuencia directa de su anatomía. Al ser transferido al troquíter, el LD reproduce el vector de fuerza posterosuperior, deprimiendo la cabeza humeral y actuando como un rotador externo eficaz, lo que permite «despejar» la tuberosidad mayor bajo el acromion durante la elevación (2,8). Por el contrario, el PM, incluso cuando se utiliza su cabeza esternal —que biomecánicamente se asemeja más al subescapular—, ejerce un vector predominantemente anterior e interno (24). Esto explica por qué el PM es excepcional para restaurar la estabilidad anterior y la rotación interna en desgarros del subescapular, pero ofrece una ganancia limitada en la elevación anterior y es ineficaz para corregir el déficit de rotación externa, como lo confirma la persistencia del lag sign en pacientes tratados con esta técnica para patología posterior (23).
Uno de los hallazgos más críticos de esta revisión es el rol pronóstico determinante del teres minor en el éxito de la transferencia de LD. La literatura es contundente: la transferencia de LD no actúa de forma aislada, sino que requiere un par de fuerzas posterior remanente para funcionar óptimamente (13). Los pacientes con atrofia grasa severa o ausencia del teres minor presentan resultados funcionales significativamente inferiores y una incapacidad persistente para realizar la rotación externa activa (14). Esto sugiere que, en ausencia de un teres minor funcional, la transferencia de LD puede ser insuficiente para contrarrestar las fuerzas de rotación interna, lo que debería inclinar la balanza hacia una artroplastia reversa en lugar de una transferencia tendinosa en este subgrupo de pacientes.
Existe una paradoja interesante en el perfil de seguridad. Aunque la transferencia de PM se considera técnicamente menos exigente y se asocia con tasas más bajas de infección (1–3 %) y complicaciones neurológicas severas debido a su abordaje deltopectoral estándar (7,10), la transferencia de LD ha experimentado una evolución técnica más drástica. La transición de abordajes abiertos a técnicas asistidas por artroscopia ha permitido una disección más precisa y una fijación más robusta (28). Sin embargo, la alta tasa de ruptura del tendón transferido en el LD (hasta un 43 % en algunas series) plantea interrogantes sobre la biología de la cicatrización en un tendón sometido a tensiones excéntricas altas (25). El uso emergente de injertos de aumento parece mitigar este riesgo al mejorar la integración biológica y reducir la tensión en la línea de sutura, marcando el camino hacia el futuro de esta técnica (29).
La integración de los datos sugiere un algoritmo de decisión claro. La transferencia de LD debe seguir siendo el «estándar de oro» para pacientes jóvenes con desgarros posterosuperiores masivos, teres minor intacto y alta demanda funcional, donde la ganancia de ROM es prioritaria (3). Por otro lado, la transferencia de PM se posiciona como la elección lógica para la insuficiencia anterosuperior aislada o como una técnica de rescate más segura en pacientes de mayor edad o con comorbilidades que contraindiquen una disección extensa (30). La tasa de conversión a artroplastia reversa, notablemente mayor en el grupo LD (12.3 %) frente al PM (4 %), debe ser discutida preoperatoriamente con el paciente como parte del consentimiento informado, gestionando las expectativas sobre la durabilidad del procedimiento (1,15).
Esta revisión presenta fortalezas distintivas, incluyendo una ventana temporal amplia (2008–2025) que captura la transición histórica de las técnicas abiertas a las artroscópicas, y el uso de una metodología integrativa que permite sintetizar datos heterogéneos para una comprensión holística del fenómeno. Sin embargo, no está exenta de limitaciones. La heterogeneidad en las escalas de valoración funcional y la falta de ensayos controlados aleatorizados que comparen directamente ambas técnicas (head-to-head) impiden un metaanálisis estadístico robusto (17). Además, la mayoría de la evidencia proviene de estudios de nivel III y IV, lo que subraya la necesidad de futuros estudios prospectivos multicéntricos.
En conclusión, la transferencia del tendón del dorsal ancho y del pectoral mayor son procedimientos de salvamento complementarios, no competitivos, definidos por sus perfiles biomecánicos únicos. El dorsal ancho es superior para restaurar la elevación y la rotación externa en la deficiencia posterosuperior, siempre que la integridad del teres minor esté preservada. El pectoral mayor es la opción preferente para restaurar la estabilidad anterior y la rotación interna en la insuficiencia del subescapular, ofreciendo un perfil de seguridad más favorable y una menor tasa de conversión a artroplastia a mediano plazo. La elección quirúrgica debe ser personalizada, equilibrando la demanda funcional del paciente, la anatomía residual del manguito y la tolerancia al riesgo quirúrgico.
Financiamiento: Los autores declaran que no recibieron fondos externos para la realización de este estudio.